Rosa se pregunta si existe una edad para dejar de sentir deseo

Historias de Candy Capítulo 3: La pregunta que Rosa nunca se había atrevido a hacer

Carmen llegó unos minutos antes.

No sabía muy bien por qué había vuelto.

Quizá por curiosidad.

Quizá porque quería volver a hablar con Rosa.

O quizá porque, después de muchos años, empezaba a hacer cosas sin necesitar una explicación perfecta.

Cuando Rosa apareció al final de la calle, Carmen la reconoció enseguida.

Caminaba despacio.

Llevaba una pequeña sonrisa.

Y parecía menos nerviosa que la primera vez.

—Pensé que no vendrías —dijo Carmen.

—Yo pensé lo mismo de ti.

Las dos se echaron a reír.

A veces la amistad empieza así.

Sin planes.

Sin promesas.

Sin apenas conocerse.

Entraron.

Hablaron de cosas normales.

De los hijos.

De los nietos.

Del calor.

De las compras.

De los años.

Y entonces apareció el silencio.

Ese silencio incómodo que llega cuando una pregunta lleva demasiado tiempo esperando.

Rosa bajó la mirada.

Parecía buscar las palabras adecuadas.

Como si hubiera ensayado aquella conversación muchas veces.

Como si todavía pudiera arrepentirse.

Como si aquella pregunta hubiera estado esperando demasiado tiempo para salir.

—¿Puedo preguntarte una cosa?

—Claro.

Rosa respiró hondo.

Miró por la ventana.

Y finalmente habló.

—¿Tú crees que hay una edad para dejar de sentir deseo?

Carmen tardó unos segundos en responder.

No porque no tuviera una respuesta.

Sino porque nadie le había hecho nunca aquella pregunta.

—No lo sé —contestó al fin—. Pero sí sé que durante muchos años pensé que ciertas cosas ya no eran para mí.

Rosa asintió.

Como quien escucha algo que necesitaba oír.

—A veces me siento ridícula.

—¿Por qué?

—Porque tengo sesenta y siete años.

Porque veo a otras mujeres de mi edad hablando de nietos, médicos y recetas.

Y yo todavía me hago preguntas que creía que ya no debería hacerme.

Carmen sonrió.

Una sonrisa tranquila.

—Quizá el problema no son las preguntas.

Quizá el problema es que nos enseñaron que había una edad para dejar de hacerlas.

Rosa guardó silencio.

Pero notó algo extraño.

Como si una ventana se hubiera abierto dentro de ella.

Por primera vez en mucho tiempo no se sintió rara.

No se sintió egoísta.

No se sintió fuera de lugar.

Simplemente se sintió humana.

La conversación continuó unos minutos más.

Hablaron de cosas sencillas.

De esas conversaciones que parecen pequeñas, pero que cambian algo por dentro.

Cuando llegó el momento de marcharse, Rosa abrió el bolso para guardar las gafas.

Entonces una pequeña llave plateada cayó sobre la mesa.

Las dos la miraron.

Rosa la recogió rápidamente.

Pero ya era tarde.

Carmen había visto la expresión de su rostro.

No era vergüenza.

No era miedo.

Era nostalgia.

Durante unos segundos ninguna dijo nada.

—Hace mucho tiempo que la guardo —murmuró Rosa.

Carmen no preguntó más.

Intuyó que aquella llave abría algo mucho más importante que una cerradura.

Algo que llevaba demasiados años esperando.

Continuará...

¿Crees que existe una edad para dejar de sentir deseo, curiosidad o ganas de descubrir cosas nuevas?

Magdalena Trejo Rodríguez · Equipo de Shop Candy Dreams

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