Historias de Candy · Capítulo 1: La mujer que pasó de largo
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Carmen pasó por delante de aquella puerta tres veces aquella semana.
La primera vez ni siquiera levantó la vista.
La segunda miró el escaparate unos segundos.
La tercera redujo el paso.
No era una mujer tímida.
Había criado dos hijos.
Había trabajado toda su vida.
Había acompañado a sus padres cuando enfermaron.
Había tomado decisiones difíciles.
Pero aquello era diferente.
Porque nadie le había enseñado que sus deseos también importaban.
Porque durante años había cuidado de todos menos de ella misma.
Y, sin darse cuenta, había terminado creyendo que eso era lo normal.
—Mamá, ¿qué quieres para tu cumpleaños?
Su hija se lo preguntó por teléfono.
Carmen respondió lo de siempre.
—Nada, hija. Yo ya tengo de todo.
Pero cuando colgó se quedó mirando la pantalla.
Porque, por primera vez en mucho tiempo, se dio cuenta de que aquello no era verdad.
No tenía de todo.
Tenía responsabilidades.
Tenía fotografías llenas de momentos felices.
Tenía una casa construida a base de esfuerzo.
Tenía rutinas.
Tenía recuerdos.
Pero hacía mucho tiempo que no se regalaba algo a sí misma.
Aquella tarde volvió a pasar por la misma calle.
La puerta estaba allí.
Exactamente igual que siempre.
Y, sin embargo, parecía diferente.
O quizá quien había cambiado era ella.
Se detuvo unos segundos.
Miró a un lado.
Miró al otro.
Como si alguien pudiera estar observándola.
Como si tuviera que dar explicaciones.
Como si una mujer de 63 años necesitara permiso para entrar en algún sitio.
Entonces escuchó una voz detrás de ella.
—Perdone...
Carmen se sobresaltó.
Era otra mujer.
Más o menos de su edad.
Sonreía.
—¿Sabe si ya han abierto?
Carmen miró la puerta.
Después la miró a ella.
Y las dos se echaron a reír.
Una risa nerviosa.
Una risa cómplice.
Una risa de esas que nacen cuando descubres que no eres la única persona que siente algo.
Porque a veces pensamos que estamos solos.
Hasta que encontramos a alguien que lleva la misma pregunta escondida.
Las dos entraron.
Y ninguna de las dos imaginaba que aquella puerta no era la entrada a un lugar.
Era la entrada a una conversación que llevaban años posponiendo consigo mismas.
Continuará...
¿Alguna vez has dejado de hacer algo que deseabas por miedo a lo que pudieran pensar los demás?
Cuéntanos tu opinión en los comentarios. Quizá tu historia se parezca más a la de Carmen de lo que imaginas.
Magdalena Trejo Rodríguez · Equipo de Shop Candy Dreams